La monja que desafió a los maestros

Plautilla Nelli (Florencia,1524 -1588) pintó un cuadro de 7 metros de largo, algo increíble en aquella época


También creó el primer taller de pintura para religiosas de Europa

MARÍA JESÚS CASTILLEJO.

Nadie se explica del todo cómo lo logró: pintora en el Renacimiento italiano, cuando las mujeres lo tenían prohibido; autora de un cuadro de casi 7 metros y, por si fuera poco, además de La Última Cena, solo 50 años después del que pintó el gran Leonardo da Vinci.

Una historia apasionante la que protagonizó la religiosa Plautina Nelli, que, sin embargo, fue borrada de la Historia universal: durante 450 años su lienzo estuvo olvidado y deteriorándose, hasta que las mujeres de la asociación Advancing Women Artists-AWA lo encontraron y restauraron, tras 4 años de trabajo y 220.000 € gracias a donaciones privadas. Actualmente, su lienzo se expone en el Museo de la Basílica de Santa Maria Novella, en Florencia. Su caso, incluido en mi libro, de próxima publicación, es solo uno de los muchos "borrados" que han sufrido las mujeres artistas.

Las 13 figuras del cuadro son a tamaño natural. Las restauradoras descubrieron que la ayudaron a pintarlo -parece que también dirigía un taller de pintura para monjas-. En palabras de Rossella Lari, una de las restauradoras, «físicamente, debió ser un desafío descomunal para una mujer. Tuvo que coordinar a un equipo de ayudantes y subirse a andamios altísimos...». Lidia Falcone, directora de AWA, resaltó que, además, Nelli se atrevió nada menos que con «el tema definitivo del Renacimiento».

Hay que tener en cuenta su osadía en el contexto de la época. Al ser monja de clausura no podía tener contacto con el exterior y muchos se preguntan cómo logró pintar tan bien a 13 apóstoles, habiendo aprendido además de forma autodidacta. Tuvo que indagar sobre la musculatura, por ejemplo. Algunos apuntan que pudo observar a las escasas personas que se movieran en su entorno y también fijarse en cadáveres de monjas fallecidas.

Ciertamente, al final logró una obra digna. Eso sí, si se mira el cuadro bien de cerca, se descubre que su pincel no estuvo muy acertado con el pelo y las barbas varoniles. Y es que, por su condición, no pudo tener a ningún hombre cerca como para saber sobre este tema.

El mural de los 7 Metros: ‘Lamentación con los Santos’ (conocido como ‘La Última Cena’ de Plautilla). Convento de Santa Catalina de Siena (Florencia). Actualmente restaurado y expuesto en el Refectorio del Museo de Santa Maria Novella (Florencia).

Por qué tanto tiempo

Seguramente os preguntáis sobre quién encontró el cuadro y por qué tardaron tanta. Sobre lo primero, la fundadora de AWA, Jane Fortune, supe de Plautilla al descubrir otro cuadro, que también reproducimos en estas páginas: Lamentación por un Cristo Muerto. ¿Qué había pasado con el cuadro? Al parecer, con Napoleón los conventos se tuviera que cerrar y el cuadro fue enrollado y guardado o escondido en un almacén o sótano. Después, se olvidaron de él o no les venía bien colgarlo por ser tan grande. La cuestión es que así pasaron 450 años y la humedad, entre otros, hicieron estragos en la pintura. Es muy llamativo ver cómo estaba el cuadro cuando fue rescatado y cómo quedó con la restauración. Algo increíble.

Pero el trabajo para las rescatadoras nunca acaba. Se sospecha que pueden miles, por decir las cifras, las obras que pueden estar ahí sin firma o con firma falsa y que pueden ser obra de mujeres. La razón de que Falcone diera con Nelli fue a ver en casas de Florencia muchas obras procedentes del convento. Por tanto, no cabe duda que no solo pintaban sino que incluso vendían cuadro y con ello podían subsistir. Fue el primer taller de este tipo en la historia.

‘Lamento con la Virgen y los Santos (o Piedad)’. Plautilla Nelli. Custodiado en el Museo Nacional de San Marcos (Florencia). Obra de escala impresionante. Destaca por la verosimilitud física, la emoción de los rostros y el desgarro de las miradas.

PREGUNTAS FRECUENTES

¿Qué impacto tuvo la producción artística de Plautilla Nelli en la Florencia del siglo XVI?

Las crónicas históricas de Giorgio Vasari y los inventarios notariales toscanos confirman que las obras monumentales de Nelli abastecieron masivamente a los palacios de la nobleza florentina, rompiendo el monopolio comercial de los talleres masculinos laicos.

¿Cómo se financiaba el taller pictórico femenino del convento de Santa Caterina da Siena?

El taller operaba como una estructura corporativa autónoma donde las monjas pintoras recibían encargos directos de familias nobles (como los Medici o los Doni), destinando los beneficios a garantizar la independencia económica y la autosuficiencia de la comunidad conventual.

Recreación del taller con IA.

La maestra que desafió a la Noche


Katsushika Ōi: la sombra tras 'La Gran Ola'

‘Cherry Blossoms at Night’ (c. 1850). Autorretrato poético donde Katsushika Ōi se retrató con el pincel en la mano.

MARÍA JESÚS CASTILLEJO.

Sola con el viejo, tuvo que dar rienda suelta a su pasión en la penumbra de la noche apenas iluminada por la luz de la vela. Cuando él se marchaba a dormir, ella seguía allí pintando sus cuadros y grabados, esos en los que luego él estamparía el sello familiar como patriarca. No le importaba el dolor de la joven, que veía marchar la obra de sus pinceles -¡incluso el monte Fuji!- bajo nombre falso. Solo le quedaba pelearse con los claroscuros, mezclar el rojo como el color de su sangre herida y el negro, como la oscura alma de su propio padre. Sin olvidar el silencio cómplice de la sociedad y del mercado del arte. ¿A quién le iba a importar una insignificante mujer japonesa a mediados del siglo XIX...?

Todo el mundo de la cultura conoce y venera a Katsushika Hokusai (1760-1849) como el genio del grabado oriental. Sus láminas, sobre todo su famosa ola, se venden masivamente en los museos internacionales y su firma cotiza al más alto nivel. Sin embargo, en la trastienda de su caótico taller de Edo, una mujer pasaba las noches en vela ejecutando las secciones de color más complejas de sus lienzos tardíos. Su nombre era Katsushika Ōi, hija del maestro.

El propio Hokusai reconoció en la intimidad de sus notas una verdad incómoda: "Para pintar mujeres hermosas y composiciones de luz nocturna, Ōi es mi maestra y sus pinceladas me dan mil vueltas". Pero no por ello dejó de fingir y siguió estampando su sello sin otorgarle a ella, su propia hija, el mérito que merecía.

El peaje del sello familiar

¿Cuál fue el precio que la industria tradicional le cobró por su audacia plástica? El anonimato forzoso. El taller familiar operaba bajo una marca única y, para garantizar el máximo beneficio de las ventas, los grabados en madera (ukiyo-e) se estampaban exclusivamente con el sello del patriarca, engullendo el mérito de la hija.

Mientras Margarita Arosa desafiaba al puritanismo en París y Aurelia Navarro pagaba su genialidad con el aislamiento, Katsushika Ōi veía cómo su propio padre tapaba su nombre con su sello comercial. Su maestría para captar el claroscuro —retratando la profundidad de la noche con un contraste dramático de rojos y negros inédito en Japón— sentó las bases de la pintura moderna oriental.

¿Qué pasó después? Cuando el viejo murió a los 90 años, el taller fue desmantelado y se destruyeron papeles, cartas y bocetos para evitar cualquier rastro culpable. Oi tuvo que irse de allí y, tras vivir de alquiler con ayuda de amigos, se borra su rastro. Desapareció como un fantasma en la infinita noche oscura del olvido. Nada más se supo de ella.

Escena nocturna en Yoshiwara (c. 1850), Katsushika Ōi. La obra cumbre del claroscuro oriental. La hija de Hokusai encerró la luz de las bombillas de papel dentro de las verjas del burdel, retratando las siluetas de espaldas en mitad de la penumbra. Una arquitectura de sombras tejida a mano.

FUENTES DE AUTORIDAD

El British Museum (Londres): Su catálogo oficial y la monografía «Hokusai: Beyond the Great Wave» (Timothy Clark, 2017). Es el estudio clínico definitivo del museo londinense donde los investigadores analizan los lienzos tardíos del taller y documentan la autoría directa de la hija, Katsushika Ōi, en los claroscuros más complejos de la saga.

Cleveland Museum of Art (EE. UU.l C): Custodios oficiales de grabados de la fiera oriental, donde se analizan sus composiciones lumínicas y la veracidad de los trazos que el patriarca Hokusai firmaba con el sello comercial familiar.

El Ota Memorial Museum of Art (Tokio): El búnker del Ukiyo-e en Japón, conservadores de su obra cumbre «Escena nocturna en Yoshiwara». Son quienes custodian el registro histórico de los diarios del taller donde el propio Hokusai confesaba en las tabernas de Edo: «En lo que respecta a pintar mujeres y composiciones de luz nocturna, Ōi es mi maestra y sus pinceladas me dan mil vueltas».

‍ ‍

Lavandera (c. 1845), Katsushika Ōi. El mazo manual golpeando el tejido: el sudor diario de las mujeres de Edo.

PREGUNTAS FRECUENTES

¿Quién era Katsushika Ōi?

Katsushika Ōi (葛飾 応為, c. 1800 - c. 1866), también conocida como Ei[1] (栄?) y Ei-jo, fue una artista japonesa de ukiyo-e del período Edo de principios del siglo XIX. Era una de las hijas de Hokusai, del matrimonio con su segunda esposa.

¿Qué le pasó?

Ayudaba en el taller de su padre y cuando envejeció, la mayor parte del trabajo lo hacía ella, pero él nunca lo admitió en público y firmaba las ventas con su sello. Cuando murió su padre, para colmo se vio en la calle. Un día desapareció y nunca más se supo de ella.